¿Qué vino va con el postre? Hay una sola regla que nunca falla: el vino debe ser igual o más dulce que el postre. Si el postre es más dulce que el vino, el vino sabe ácido y amargo. Por eso un tinto seco rara vez funciona con algo dulce — y por eso existen los vinos de postre.
Chocolate (pastel, brownie, trufas)
El chocolate es intenso y necesita un vino que le haga frente. Un vino fortificado tinto como el Oporto es el maridaje rey: su dulzor y cuerpo aguantan el cacao. Para chocolate amargo, un Pedro Ximénez con sus notas de pasa y caramelo.
Flan, cheesecake y postres cremosos
Cremosos y de dulzor medio. Pide un espumoso semiseco o un Moscato: la burbuja y la dulzura ligera limpian el paladar sin empalagar.
Postres de fruta (tartas, ensaladas de fruta, sorbetes)
Frescos y ácidos. Funcionan con un Moscato, un espumoso rosado semiseco o un blanco de cosecha tardía. La fruta del postre y la del vino se reflejan.
Caramelo, nuez y postres tostados (pay de nuez, crème brûlée)
Notas tostadas y dulces. El Pedro Ximénez o un cream sherry son perfectos: sus aromas de caramelo, higo y nuez funcionan como espejo del postre.
Pan dulce y postres mexicanos (churros, capirotada, camote)
Para la sobremesa mexicana, un espumoso semiseco o un fortificado dulce acompañan los churros y la capirotada sin competir con la canela y el piloncillo.
La regla práctica
Cuando dudes, un espumoso semiseco (demi-sec) es el postre líquido más versátil: ligero, festivo y lo bastante dulce para la mayoría de los postres. Y para chocolate, siempre un fortificado tinto.
¿Cierras la cena con postre? Te decimos el vino dulce o espumoso exacto para rematar.